Erich Fromm

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Nació en Frankfurt, Alemania en 1900; provenía de una familia muy religiosa de judíos ortodoxos. El mismo se denominó más tarde un “místico ateo”.
En su autobiografía, Beyond the Chains of Illusion (Más Allá de las Cadenas de la Ilusión) Fromm habla de dos eventos acontecidos en su adolescencia temprana que le resultaron significativos: El primero consistió en que después de la muerte de su padre, una pintora hermosa y atractiva se suicidó y dejó un testamento que estipulaba que su deseo era ser enterrada al lado de su padre. Erich Fromm, con doce años de edad, se preguntó; ¿Por qué?. El segundo evento fue más fuerte: la Primera Guerra Mundial.
Recibió su doctorado en Heidelberg en 1922 y empezó su carrera como psicoterapeuta. Se mudó a los EEUU en 1934; y cerca del final de su carrera, se mudó a México para enseñar.
Escribió entre otros libros: “El Escape de la Libertad”; “Hombre por Sí Mismo”; “El Arte de Amar”; “La Sociedad Sana”; “La Anatomía de la Destructividad Humana”.  Murió en Suiza en 1980.


TEORÍA 
Es una combinación de Freud y Marx. Freud postuló que nuestro carácter estaba determinado por la biología; Marx consideraba a las personas como determinados por su sociedad y más especialmente por sus sistemas económicos.
Fromm añadió a estos dos sistemas deterministas algo bastante extraño a ellos: la idea de libertad, y hace de ésta la característica central de la naturaleza humana.


Fromm describe tres vías a través de las cuales escapamos de la libertad:

Autoritarismo. Buscamos evitar la libertad al fusionarnos con otros, hay dos formas de acercarse a esta postura: una es someterse al poder de los otros, volviéndose pasivo y complaciente; la otra es convertirse uno mismo en un autoritario.
Fromm se refiere a la versión más extrema de autoritarismo como masoquismo y sadismo y nos señala que ambos se sienten compelidos a asumir el rol individualmente, de manera que aunque el sádico con todo su aparente poder sobre el masoquista, no es libre de escoger sus acciones.

Destructividad. Los autoritarios viven una dolorosa existencia, en cierto sentido, eliminándose a sí mismos: ¿si no existe un yo mismo, cómo algo puede hacerme daño?. Pero otros responden al dolor volviéndolo en contra del mundo: si destruyo al mundo, ¿cómo puede hacerme daño?. Es este escape de la libertad lo que da cuenta de la podredumbre indiscriminada de la vida (brutalidad, vandalismo, humillación, crimen, terrorismo…).
Fromm añade que si el deseo de destrucción de una persona se ve bloqueado,    entonces puede redirigirlo hacia adentro de sí mismo. La forma más obvia de auto destructividad es el suicidio. Pero también podemos incluir aquí muchas enfermedades como la adicción a sustancias, alcoholismo o incluso la tendencia al placer de entretenimientos pasivos.

Conformidad autómata. Es la contraparte horizontal del autoritarismo. La persona que utiliza la conformidad autómata es como un camaleón social: asume el color de su ambiente. Ya que se ve como el resto de los demás, ya no tiene que sentirse solo. Desde luego no estará solo, pero tampoco es él mismo. El conformista autómata experimenta una división entre sus genuinos sentimientos y los disfraces que presenta al mundo.
Según Fromm, el hombre nace como una extrañeza de la naturaleza; siendo parte de ella y al mismo tiempo trascendiéndola. Debe luchar no solo contra los peligros de morir, pasar hambre y lesionarse, sino también de otro peligro específicamente humano: el de volverse loco. En otras palabras, debe protegerse a sí mismo no solo del peligro de perder su vida, sino de perder su mente.


FAMILIAS
Escoger la forma en la cual escapamos de la libertad tiene bastante que ver con el tipo de familia en la que crecemos. Fromm describe dos tipos de familias no productivas.

Familias simbióticas. La simbiosis es la relación estrecha entre dos organismos que no pueden vivir el uno sin el otro. En una familia simbiótica, algunos miembros de la familia son “absorbidos” por otros miembros, de manera que no pueden desarrollar completamente sus personalidades por sí mismos.

Familias apartadas. Su principal característica es su gélida indiferencia e incluso su odio helado. Los padres son muy exigentes con sus hijos, de los cuales se espera que persigan los más altos estándares de vida. Los castigos no son cuestión de un coscorrón en la cabeza en medio de una discusión durante la cena; es más bien un proceso formal; un ritual completo que posiblemente envuelve romper la discusión y encontrarse en el bosque para discutir el tema. El castigo es radical y frío, “por tu propio bien”.  Cuando las reglas son más importantes que las personas, la destructividad es inevitable.
Otro tipo de familias apartadas es la familia moderna, y se puede hallar en la mayoría de los lugares más avanzados del mundo, de manera especial en EEUU. Los cambios en las actitudes de la crianza infantil ha llevado a muchas personas a estremecerse ante el hecho de un castigo físico y culpa en la educación de sus hijos. La nueva idea es a criar a tus hijos como tus iguales. Un padre debe ser el mejor “compi” de su hijo; la madre debe ser la mejor compañera de su hija. Pero, en el proceso de controlar sus emociones, los padres se vuelven bastante indiferentes. Ya no son, de hecho, verdaderos padres, solo cohabitan con sus hijos. Los hijos, ahora sin una auténtica guía adulta, se vuelven a sus colegas y la “media” en busca de sus valores. Esta es, por tanto, ¡la superficial y televisiva familia!.
¿Qué hace a una familia buena, sana y productiva?. Fromm sugiere que ésta sería una familia donde los padres asumen la responsabilidad de enseñar a sus hijos a razonar en una atmósfera de amor. El crecer en este tipo de familias permite a los niños aprender a identificar y valorar su libertad y a tomar responsabilidades por sí mismos y finalmente por la sociedad como un todo.


El inconsciente social

Pero nuestras familias la mayoría de las veces sólo son un reflejo de nuestra sociedad y cultura. Es tan cercana a nosotros que con frecuencia olvidamos que nuestra sociedad es tan sólo una de las múltiples vías de lidiar con las cuestiones de la vida. Muchas veces creemos que la manera en que hacemos las cosas es la única forma; la forma natural. Lo hemos asumido tan bien que se ha vuelto inconsciente (el inconsciente social, para ser más precisos).
La orientación receptiva. Estas son personas que esperan conseguir lo que necesitan; si no lo consiguen de forma inmediata, esperan. Creen que todas las cosas buenas y provisiones provienen del exterior de sí mismos. Este tipo es más común en las poblaciones campesinas, y también en culturas que tienen abundantes recursos naturales, de manera que no es necesario trabajar demasiado fuerte para alcanzar el sustento propio (¡aún cuando la naturaleza pueda repentinamente limitar sus fuentes!). También es fácil encontrarlo en la escala más inferior de cualquier sociedad: esclavos, siervos, familias de empleados, trabajadores inmigrantes…todos ellos están a merced de otros.
Esta orientación está asociada a familias simbióticas.

La orientación explotadora. Estas personas esperan conseguir lo que desean a través de la explotación de otros. De hecho, las cosas tienen un valor mayor cuanto sean tomadas de otros: la dicha es preferiblemente robada, las ideas plagiadas, y el amor se consigue basándose en coerción. Este tipo es más común en la historia de las aristocracias y en las clases altas de los imperios coloniales.
La orientación acaparadora. Las personas que acumulan tienden a mantener consigo esas cosas; reprimen. Consideran al mundo como posesiones y como potenciales posesiones. Incluso los amados son personas para poseer, mantener o comprar. Fromm, perfilando a Marx, relaciona este tipo de orientación con la burguesía, la clase media comerciante, así como los terratenientes ricos y los artistas.

La orientación de venta. Esta orientación espera vender. El éxito es una cuestión de cuán bien puedo venderme; de darme a conocer. Mi familia, mi trabajo, mi escuela, mis ropas; todo es un anuncio, y debe estar “perfecto”. Incluso el amor es pensado como una transacción. De acuerdo con Fromm, es la orientación de la sociedad industrial moderna. ¡Esta es nuestra orientación!.

La orientación productiva. Existe, no obstante, una personalidad más sana, a la que Fromm ocasionalmente se refiere como la persona que no lleva máscara. Esta es la persona que sin evitar su naturaleza social y biológica, no se aparta nunca de la libertad y la responsabilidad. Proviene de una familia que ama sin sobresaturar al sujeto; que prefiere las razones a las reglas y la libertad sobre la conformidad.
La sociedad que permita un crecimiento de este tipo de personas no existe aún, de acuerdo con Fromm.

Maldad
Fromm siempre estuvo interesado en tratar de comprender a las personas verdaderamente malévolas de este mundo; no solamente a aquellas que sencillamente eran estúpidas, estaban mal guiadas o enfermas, sino a aquellas con total conciencia de maldad en sus actos, fuesen llevados a cabo como fuere: Hitler, Stalin, Charles Manson, Jim Jones y así sucesivamente; desde los menos hasta los más brutales.
Existe el tipo de personas que él llama necrófilos (amantes de la muerte). Tienen una atracción pasional de todo lo que es muerte, destrucción, podredumbre, y enfermizo; es la pasión de transformar todo lo que está vivo en lo no-vivo; de destruir por el solo hecho de destruir; el interés exclusivo en todo esto es puramente mecánico. Es la pasión de “destrozar todas las estructuras vivientes”.

Fromm hace algunas sugerencias sobre cómo surge este tipo de sujetos. Dice que debe existir algún tipo de influencia genética que les previene de sentir o responder a los afectos. También añade que deben haber tenido una vida tan llena de frustraciones que la persona se pasa el resto de su vida inmerso en la rabia. Y finalmente, sugiere que deben haber crecido con una madre también necrófila, de manera que el niño no ha tenido a nadie de quien recibir amor. Es muy posible que la combinación de estos tres factores provoque esta conducta. Aún así, subsiste la idea de que estos sujetos son plenamente conscientes de su maldad y la mantienen.
Fromm sostenía que ser humano significa tener una constitución específica, con necesidades específicas, y problemas específicos que resolver.

Según Fromm existen cinco necesidades humanas básicas:

1.-  Relación.- El sentimiento de soledad es común a todo ser humano, la solución es la
      relación, aunque no toda relación es positiva.
2.-  Trascendencia.- Necesidad de obtener control sobre nuestras vidas, tener elecciones y
      determinar nuestro propio destino.
3.-  Raíces.- Necesidad de lazos significativos. Las personas necesitan rituales.
4.-  Sentido de identidad.- Está de acuerdo con Freud en la necesidad de identidad, 
      nuestro puesto es el mundo, cómo nos percibimos y cómo nos perciben los demás.
5.-  Estructura.- Necesidad del ser humano de dar sentido a su vida y comprender su
      mundo.

La forma de satisfacer esas necesidades determina nuestra forma de vida, y satisfacerlas es necesario para que el ser humano se sienta pleno.


Situación humana. Estado de los seres humanos.
Cada persona es única como ser viviente pero las dificultades que enfrenta frecuentemente son similares.
Sostiene que el ser humano es de naturaleza caprichosa, una anormalidad en el mundo si se compara con otros animales. El ser humano es el único descontento, el único que se aburre.
Nuestra naturaleza nos pone ante conflictos que nunca podemos resolver en su totalidad. Fromm describe esta condición humana tan peculiar como dicotomías existenciales e históricas.
Decir que enfrentamos esas dicotomías significa que debemos enfrentarnos a discrepancias perturbadoras e inevitables, dilemas casi insolubles.
Conciencia. Regulador de la persona. Es la voz del yo real, nos dice loo que es moralmente bueno para nosotros, nos dirige a determinadas metas.
Objetivos. Tienen una fuerza considerable contra otros efectos como el miedo al fracaso o el no querer realizar algo
Amor. Síndrome de crecimiento.
Odio. Síndrome de decadencia.
El ser humano enfrenta tres temores: temor a la muerte, a envejecer y a no ser aceptado por los demás.

La autoestima en el hombre depende de factores externos y de sentirse triunfador con respecto al juicio de los demás.
Históricamente, en el renacimiento, el ser humano empieza a considerar  que la humanidad es el centro del universo en lugar de Dios. Después vino la Reforma, que introdujo la idea de que cada uno de nosotros éramos responsables de la salvación de nuestra alma; luego sobrevinieron las revoluciones democráticas, tales como las revoluciones americana y francesa; en este momento parece que estamos supuestos a gobernarnos a nosotros mismos. Posteriormente vino la revolución industrial, ser humano vende su trabajo por dinero; nos convertimos en empleados y consumidores. Luego vinieron las revoluciones socialistas tales como la rusa y la china, que introdujeron la idea de la economía participativa, además de preocuparte de tu manutención, tenías que preocuparte de tus empleados.



Carolina Gomez

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